SALUD
Realidad y Subjetividad
El brillante escritor ruso-judío del siglo XIX Sholom Aleichem (realizador de "Una Hoja en la Tormenta", obra teatral en la que luego se basó el famosísimo "Violinista sobre el Tejado", y cuyo nombre artístico significa "la paz sea contigo") decía que "la vida es un sueño para el sabio, un juego para el tonto, una comedia para el rico, una tragedia para el pobre." Aleichem, como luego hiciera desde la filosofía el español Ortega y Gasset, sugería así que la vida depende de las circunstancias bajo las cuales la vivimos, es decir, la vida no es un fenómeno unívoco, sino que ella, y el gusto por ella, están sujetos a lo que nos ocurre circunstancialmente. También es comun escuchar que la vida tiene el color del cristal por donde se mira, o, como escribí en mi obra "Pensamientos del Corazón": "Nunca vemos las cosas como son; las vemos como somos. Por eso todos los panoramas son interiores."

El tema es, desde la psicología, cómo poder analizar la realidad que nos rodea y que vivimos, de una manera medianamente objetiva. En principio, esto es imposible, dado que usted, el observador de dicha realidad, la analiza con todo un bagaje de subjetividades personales, desde su educación familiar y escolar, pasando por sus valores y prejuicios, hasta el simple hecho que ninguno de nosotros puede ver mas allá de lo que es capaz de elaborar nuestra psiquis y, especialmente, nuestro neocortex, aquélla parte "nueva" de la corteza cerebral que nos hace definitivamente humanos y nos otorga cierta inteligencia biológicamente superior en el planeta. Esta visión siempre limitada y subjetiva de la realidad circundante, generara diversos estados de ánimo segun veamos que el vaso de la vida "está medio lleno o medio vacío", como se dice popularmente. Y viceversa, el estado anímico de cada cual, condicionará lo que podamos ver y entender de la vida tanto como las capacidades cerebrales e intelectuales del observador. Un depresivo, precisamente por su ánimo negativo, se enfoca casi caprichosamente en lo negativo, en los fracasos, en las problemáticas no resueltas, en los traumas que todavía lo agobian, etcétera. La persona con una condición emocional positiva, por el contrario, se asociará más facilmente a aspectos positivos de aquella misma realidad, manteniendo una visión más optimista del mundo y de la gente.

Ejemplos. El pesimista dirá que la trágica muerte del niño colombiano Andrés Felipe Perez sin que se atendiera a su deseo de ver al papá secuestrado por la guerrilla antes de sucumbir al cáncer, es una muestra cabal del estado de desintegración moral y caos político que vive aquél hermoso país. El optimista, en cambio, recordará que más de 2,000 colombianos se voluntariaron para cambiar lugares con el papá del pequeño, aceptando una situación muy peligrosa de secuestro para materializar el ultimo deseo de la criatura. El pesimista comentará que hubieron más de 200,000 clientes el año pasado para adquirir pornografía infantil y que algunos de ellos tuvieron comercio sexual con dichos niños, niñas y adolescentes en diversos países del mundo, incluyendo los Estados Unidos, Latinoamérica y Brasil. La personalidad algo más optimista balanceará esta desastrosa estadística con el hecho que en la ultima (y segunda) conferencia internacional contra el abuso de menores, recientemente sostenida en Japon, asistieron más de 100 representantes, en vez de la vergonzosa veintena que hubo anteriormente en el congreso europeo, y que el National Center for Missing and Exploited Children ya ha activado convenios con muchas naciones para proseguir la busqueda de niños victimizados (y de sus victimarios) con amplios recursos de inteligencia y policiales internacionales.

El pesimista pondrá énfasis en el desastre de Septiembre 11 pasado, en los 3,000 muertos y sus familias, en los edificios, trabajos y billones perdidos, y en la remanente inquietud y ansiedad en la que continuamos viviendo (tanta ansiedad que los consumos de alcohol, drogas, tabaco y comida, todos han escalado peligrosamente, en especial en la ciudad de Nueva York). La persona más optimista, por su parte, sin dejar de ser consciente de estas tragedias, recordará que por cada 10 terroristas hay 10,000 personas de toda edad, raza, credo, nacionalidad, estatus legal y color, que han asistido desinteresadamente a las familias necesitadas y a las instituciones que distribuyen ayuda, y lo continuan haciendo silenciosamente con admirable sentido social y espíritu de confraternidad humana. Y lo más importante de todo en este breve análisis, la persona paralizada por la depresión, el pesimista crónico, el nihilista, el cínico, no aportan nada mejor a un mundo que, por supuesto, los necesita. Toda preocupación o conflicto que no nos conduce a una acción reparadora es tan estéril como la queja del que protesta y no hace. Para construir un mundo mejor, más sano, más justo, más responsable, más seguro, más cariñoso, más atento al projimo, tambien necesitamos de usted.

 

*Juan Carlos Dumas, Ph.D., es psicoterapeuta, escritor y docente de origen
argentino, Consultor en Salud Mental de la Administración del Menor y la
Familia y Director Asociado del Centro Hispano de Salud y Bienestar, con
consultorios en Queens (718-335-6611) y Long Island (631-587-7218).

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